
En este primer Domingo de cuaresma, la liturgia nos da una nueva oportunidad de contemplar las tentaciones de Jesús, aprovechemos esta ocasión para dedicar un tiempo a ello.
Puede resultar interesante situarnos en el texto como Jesús e ir recibiendo esas tentaciones en primera persona, seguramente, no nos sonaran tan inverosímiles ni lejanas. O quizás también podemos situarnos como el tentador, a fin de cuentas, igual tampoco no resulta tan extraño…
La primera escena sucede en el desierto, Jesús lleva días ayunando, siente hambre y entonces aparece la tentación de saciar su apetito de manera rápida, siempre nos parece atractiva esa forma, no importa saltarse algunas normas, cambiarlas si es necesario para satisfacer mi necesidad, … ahora el hambre y ¿quién sabe que será más adelante? Pero Jesús, consciente de que pedir a Dios que haga lo imposible para saciar su hambre seria quedar a la merced de aquello que anula la libertad, rechaza esta opción. Jesús sólo multiplicará los panes para saciar a los pobres.
Anteponer mi necesidad a la del prójimo me aleja del estilo de Jesús.
La segunda tentación sucede en el templo, aquí la propuesta del tentador es la del éxito, la de presentarse como alguien triunfal, para ser el centro de atracción, sin mayor objetivo. Jesús rechaza esta propuesta porque es consciente: el evangelio no se vive con gestos extraordinarios o representaciones magnificas, … el evangelio se construye con pequeños gestos, muchas veces invisibles que van sanando y acariciando tanto dolor para ir ofreciendo esperanza duradera a cada persona.
Hemos de pensar en hacer el bien, en encarnar el amor en cada gesto, porque quedar bien nos aleja de Jesús.
La tercera tentación tiene lugar en una montaña desde la que pueden verse grandes extensiones, el diablo ofrece a Jesús el poder del mundo a cambio de simplemente una cosa, la sumisión a él, de vivir a la sombra de un ídolo. Hoy tenemos muchas realidades que, formando parte de la vida, hay que saber poner en su lugar, cada uno hemos de discernir a qué dedicamos la vida cuando somos conscientes que nuestro tiempo es limitado. Jesús se niega clara y rotundamente “Vete, Satanás” Jesús tiene un solo Dios y sólo a Él adorará, un Dios que, simplemente y grandemente, ama y ama incondicionalmente.
El poder nos aleja claramente de Dios, de Jesús.
Contemplando desde ambas perspectivas el texto, tomamos consciencia de las veces que, sin ser conscientes podemos justificar alguna de las tentaciones y, cuántas otras tantas hemos sabido rechazarlas en favor de un bien mayor, haciendo vida el evangelio.





