III Domingo de Pascua // Lc 24,13-35

El texto de Lucas conocido como el Evangelio de los discípulos de Emaus nos presenta el camino de dos discípulos de Jesús que se dirigen a una aldea denominada Emaús. Pero este camino tiene la peculiaridad de que se puede parecer al nuestro. Son discípulos que han creído, que han esperado, pero que ahora caminan tristes y desanimados, pensando que todo ha terminado. Se alejan de Jerusalén con el corazón cargado de dudas y decepción.

En medio de ese camino aparece Jesús, el Resucitado, aunque ellos no lo reconocen. Jesús camina con ellos, los escucha y les explica las Escrituras. También actúa el Señor con nosotros: no nos abandona en las dificultades, en el desasosiego, ni en la intemperie que cada uno de nosotros pueda estar viviendo, sino que por el contrario se hace presente y nos acompaña en el camino con su providencia, con sus signos, con su lenguaje. En la cartuja media, como grupo, Él nos sigue instruyendo.

Pero el momento clave llega al sentarse a la mesa. Jesús toma el pan, lo bendice, lo parte y lo reparte. Entonces se les abren los ojos y lo reconocen. La eucaristía forma parte de nuestra cartuja media, en ella Jesús resucitado se hace presente de forma sacramental, nos aglutina y nos invita a ratificar la comunión con Él y entre nosotros. Y aunque no lo vemos con los ojos, lo reconocemos por la fe y los testimoniamos por la fe que tenemos en cada uno de nosotros.

Los discípulos, al desaparecer Jesús se dicen: “¿No ardía nuestro corazón cuando nos hablaba por el camino?” Qué bueno que nuestro corazón arda y nos ponga en camino para comunicar todo aquello de bueno que Dios, por medio de Alfredo, nos ha mostrado. Pues tenemos un tesoro que ayuda a vivir como personas resucitadas. Y quien ha encontrado a Cristo resucitado no puede quedarse en el silencio, ni paralizado ni en la tristeza: debe volver a rehacer el camino y anunciar con su vida lo recibido. Pidamos en este tercer domingo de pascua la gracia de vivir nuestras cartujas medias como un verdadero encuentro con el Resucitado y entre nosotros, y que caminamos juntos llenos de paz, de esperanza y alegría, es decir, en fiesta.

Artículos

¿Y tu, de qué fuente bebes?

Al igual que nuestro cuerpo necesita alimentarse...

Hay un paraíso nuevo…

«Hay un paraíso nuevo y solo nos falta una cosa...

Actividades

¡No hay eventos!

Suscríbete a nuestro boletín

III Domingo de Pascua // Lc 24,13-35

El texto de Lucas conocido como el Evangelio de los discípulos de Emaus nos presenta el camino de dos discípulos de Jesús que se dirigen a una aldea denominada Emaús. Pero este camino tiene la peculiaridad de que se puede parecer al nuestro. Son discípulos que han creído, que han esperado, pero que ahora caminan tristes y desanimados, pensando que todo ha terminado. Se alejan de Jerusalén con el corazón cargado de dudas y decepción.

En medio de ese camino aparece Jesús, el Resucitado, aunque ellos no lo reconocen. Jesús camina con ellos, los escucha y les explica las Escrituras. También actúa el Señor con nosotros: no nos abandona en las dificultades, en el desasosiego, ni en la intemperie que cada uno de nosotros pueda estar viviendo, sino que por el contrario se hace presente y nos acompaña en el camino con su providencia, con sus signos, con su lenguaje. En la cartuja media, como grupo, Él nos sigue instruyendo.

Pero el momento clave llega al sentarse a la mesa. Jesús toma el pan, lo bendice, lo parte y lo reparte. Entonces se les abren los ojos y lo reconocen. La eucaristía forma parte de nuestra cartuja media, en ella Jesús resucitado se hace presente de forma sacramental, nos aglutina y nos invita a ratificar la comunión con Él y entre nosotros. Y aunque no lo vemos con los ojos, lo reconocemos por la fe y los testimoniamos por la fe que tenemos en cada uno de nosotros.

Los discípulos, al desaparecer Jesús se dicen: “¿No ardía nuestro corazón cuando nos hablaba por el camino?” Qué bueno que nuestro corazón arda y nos ponga en camino para comunicar todo aquello de bueno que Dios, por medio de Alfredo, nos ha mostrado. Pues tenemos un tesoro que ayuda a vivir como personas resucitadas. Y quien ha encontrado a Cristo resucitado no puede quedarse en el silencio, ni paralizado ni en la tristeza: debe volver a rehacer el camino y anunciar con su vida lo recibido. Pidamos en este tercer domingo de pascua la gracia de vivir nuestras cartujas medias como un verdadero encuentro con el Resucitado y entre nosotros, y que caminamos juntos llenos de paz, de esperanza y alegría, es decir, en fiesta.

Artículos

¿Y tu, de qué fuente bebes?

Al igual que nuestro cuerpo necesita alimentarse...

Hay un paraíso nuevo…

«Hay un paraíso nuevo y solo nos falta una cosa...

Actividades

¡No hay eventos!

Suscríbete a nuestro boletín

© 2026 PazyFiesta | Una web de Mauricio Mardones

© 2026 PazyFiesta
Una web de Mauricio Mardones