Itinerario

Itinerario aplicado a las Claraeulalias a la luz de los escritos de Tante

Alfredo impartió unos ejercicios a las Claraeulalias en septiembre de 1990 para hablar del Intinerario a la Luz de los escritos de Tante.

Aunque los ejercicios iban dirigidos a las Claraeulalias todos los que formamos el Grupo ARC, que lo deseen, e incluso a personas ajenas al grupo, pueden realizar este mismo itinerario pues lo que Alfredo predica tiene un valor universal.

Leer estos texto nos ayuda a profundizar el mensaje y pensamiento de Alfredo.

En esta entegra encontrarás la Homilia de apertura del encuentro y la 1a. charla.

Os animamos a realizar una lectura pausada y tranquila. !Vale la pena!!! Sin duda.

Indice:
Homilia
1a. Charla

ITINERARIO CLARAEULALIAS A LA LUZ DE LOS ESCRITOS DE TANTE
Monasterio de las Jerónimas. Trujillo
Septiembre 1990
24.IX.1990

Homilía de Alfredo

Estamos reunidos hoy, día de la Merced (patrona de la Casa de Santiago), en Trujillo -en este Monasterio que tiene tanta historia y tantos recuerdos para nosotros-; para profundizar a la luz de los escritos de Tante, el Itinerario en su aspecto de aplicación a las Claraeulalias en especial, y a la mujer en general.

Como sabéis el Itinerario empieza meditando, contemplando esa riada de gente que bajan empujados por ella en medio del lodo y de la tiniebla; y frente a este espectáculo horrible, tratar de acercarnos a la orilla para ofrecer una mano salvadora para sacar a la gente de ella.

La virgen de la Merced, patrona de La Casa, redentora de cautivos, es patrona del Itinerario, que es salvar a los que están cautivos riada abajo con el empuje de las aguas del pecado del mundo.

Vosotras os llamáis Grupo Claraeulalias por la devoción que desde el principio tuvimos, y tuvisteis, a santa Eulalia, patrona de Barcelona donde nació el grupo y realmente ejemplo de fortaleza. Y luego, por vicisitudes del crecimiento en una peregrinación a Asís, visteis que vuestro espíritu de abandono en Dios, de confianza, de paz, de alegría… era muy franciscano.

Santa Clara no quería estar encerrada en un monasterio, ella quería que las franciscanas llevaran la vida de los franciscanos por el mundo, predicando en la pobreza, en la alegría y en la paz, el Evangelio. Y las encerraron en los monasterios, y allí siguen las Clarisas de clausura.

Y vosotras pensabais ser herederas de este espíritu y además del deseo de santa Clara, de ir por los caminos, por todos los vericuetos de los distintos apostolados, para predicar con espíritu evangélico -en su matiz franciscano- la Buena Nueva de Cristo.

Entonces tomasteis también a santa Clara por patrona. ¡CLARAEULALIAS!.

Tomasteis este nombre por devoción, pero ¿qué quiere decir?

EULALIA significa «palabra armoniosa», pero nunca una palabra puede ser armoniosa si no tiene estos tres contenidos profundos:

– Contenido de verdad
– Contenido de belleza
– Contenido de bondad

Eulalia es una palabra que tiene estos tres contenidos, reflejos de la Trinidad. Cuando la palabra de Dios se hace carne, por fuerza ha de ser eulalienca, porque ha de tener la perfecta armonía de la bondad, de la belleza y de la verdad.

CLARA: ¿De qué serviría tener una luz o una semilla escondida debajo de la cama? Cuando el buen pastor esparce por tierra la semilla para que dé mucho fruto, ha de hacerlo a la luz del sol. Ha de estallar de la misma semilla toda la luz interior del Espíritu Santo, aquella llama de amor que tiene que tener que le da claridad a la semilla, que esparce claridad a su alrededor.

Claraeulalia no solamente es una palabra armoniosa que refleja la palabra del Verbo encarnado, sino que es una palabra armoniosa llena de luz para iluminar el mundo. Es este el sentido profundo de vuestro nombre… CLARAEULALIAS! y no es fácil!.

Estáis en el buen camino…, pero tenéis que recorrer nada menos que todo el Itinerario.

Josep Nuet Matí

1ª CHARLA

Alfredo:

Es importante el que nos hayamos encontrado aquí, en este monasterio de la Inmaculada Concepción, justamente hoy, día 25 de septiembre, que es el 19° aniversario de ordenación de los primeros de la Casa, y esto es muy importante porque sino hubiera sido por estas primeras ordenaciones, no habría sido posible la creación de este grupo que formáis de Claraeulalias. En este orden ministerial suyo, estaba implicado en germen, el nacimiento de vosotras a esa dimensión sobrenatural de servicio, de entrega, de seguimiento y apostolado al Señor.

Antes de venir a Trujillo, acompañé a Javier Ayora a despedirse de la madre Asunción -que fue tan amiga de Tante-, y a la entrada de su convento hay una frase de la madre Janer (la fundadora), y pensé que las Claraeulalias podríais tenerla como enseña vuestra porque es muy sintónica.

Decía:

«Fortaleza, cuando haga falta;
Dureza ¡nunca!
Dulzura y caridad, ¡siempre!»

Fortaleza cuando haga falta: precisamente os llamáis “Eulalia», porque santa Eulalia fue una manifestación de fortaleza. Dureza ¡nunca!: hay que distinguir muy bien entre fortaleza y dureza.

Dulzura y caridad siempre: santa Clara es una llama encendida por su espíritu de San Francisco de claridad, de dulzura y de caridad permanente.

Vamos a tratar de los carismas que tenéis las Claraeulalias como tales, por mujeres y por Claraeulalias, para matizar y completar en esta línea el itinerario, pues hay también un principio y fundamento. ¿Y cuál es el principio y fundamento de vuestros carismas que hay que añadir, que matizarán el Itinerario?

El Itinerario empieza por la riada que se lo lleva todo por delante. Vosotras, ya podéis pensar que no estáis en la riada, habéis salido, por eso habéis empezado el Itinerario, lo habéis recorrido de una manera cíclica: viendo todo el conjunto, y cada vez con mayor claridad y hondura.

¿Cuál es el principio y fundamento de vuestros carismas que a la vez es fundamento de todos los demás?

María es la que nos ha de enseñar y mostrar cuál es ese carisma especifico y fundamental, que también ha de ser vuestro, porque toda mujer tiene por figura preclara y esclarecida a la virgen María. ¿Y cuál es el carisma fundamental de María? María con mayor perfección que ninguna otra de vosotras ES CASA. Toda mujer es casa, pues es en su feminidad donde reside antes que nada, todo género humano, en lo material y en lo espiritual.

María es figura de la Iglesia, ella es Iglesia ¡La gran casa de la Iglesia! Cobija a todo el mundo en su ser. Los que formamos la Iglesia podemos ser muy pecadores, pero la Iglesia es santa porque toda la Iglesia está en María. María sola, ya es toda la Iglesia! La Iglesia es Santa porque María es Santa. Y las mujeres tenéis este carisma especial de estar unidas a María; de ser santas por la gracia de Dios, como ella lo es.

Foto de Chandler Cruttenden en Unsplash

¿Y cuál es el principio y fundamento de la santidad de María?:

Fluye de su caseidad, porque María era casa, era el centro donde tenía que cobijarse el Verbo hecho carne, María tiene ese privilegio -por la aplicación antecedente de los méritos de Cristo-, de ser INMACULADA. María es inmaculada, esa es la base de todos sus demás carismas, dones y características de su santidad. La base y fundamento: es inmaculada.

Por los evangelios sabemos que al pie de la cruz, junto a María, estaba María Magdalena. Dice el evangelio que Jesús le había sacado a María Magdalena siete demonios -siete significa que se los había sacado todos-, y Magdalena por la penitencia era también, inmaculada.

Todos los santos padres hacen referencia a menudo a estas dos mujeres al pie de la cruz… cuando tantos estaban huidos, escondidos, negando a Cristo llenos de miedo… dos mujeres al pie de la cruz, ambas inmaculadas!. Una por la inocencia, la otra por la penitencia. Una por la aplicación de los méritos de Cristo de modo antecedente, la otra por la aplicación de los méritos de Cristo consecuentes; pero ambas, en el presente de la crucifixión ¡inmaculadas!

Y allí estaban, precisamente por eso. La inmaculatez de ellas las sostenía en aquel momento de tremenda soledad y solitud cuando Cristo murió. No sólo sintiéndose abandonadas por Dios padre, como dice Cristo; sino también del Verbo hecho carne. Con Cristo muerto en el regazo de María y la Magdalena a los pies de Cristo muerto -como estuvo otro hora en casa de Simón-, ¡en qué solitud se encontraron abandonadas del Padre y abandonadas del Verbo hecho carne!, INMACULADAS. Este es vuestro carisma fundamental, por la penitencia, pero unidas a

• María, precisamente junto a la cruz de Cristo; esta es vuestra característica fundamental: SER INMACULADAS.

Todos los bautizados, todos los que recibimos la penitencia, somos también inmaculados. Tenemos que serlo todos, porque sino, no podemos entrar en el cielo (nos tendrían que lavar con lejía en el purgatorio para acabamos de hacer inmaculados). Pero en los evangelios no se habla nunca de la inmaculatez aplicada a los hombres, ni siquiera de Juan Bautista, ni de San José -que lo sería de una manera u otra-, tan solo se dice explícitamente de la virgen María (y es dogma: la Inmaculada Concepción), y de María Magdalena: Jesús le sacó siete demonios y la dejó inmaculada. Se dice de la mujer.

Luego, aunque todos tenemos que llegar a ser inmaculados por la penitencia, sin embargo esa inmaculatez es una bandera desplegada al viento típica de la mujer. Vosotras tenéis que ser doctoras en inmaculatez, y nosotros -de la misma manera que también tenemos que ser licenciados en caseidad-, tenemos que ser licenciados en inmaculatez, porque sino, no entramos en el cielo. Y el doctorado sirve para ser profesoras, para enseñar. Todos tenemos que saber mucho de inmaculatez, pero las mujeres tenéis que ser maestras, profesoras, enseñantes de inmaculatez para todos. Sois doctoras en ese carisma.

Foto de Karen Maes en Unsplash

¿Qué tenéis que hacer vosotras en la orilla de la riada como cosa específica vuestra?

Tenéis que estar erguidas al lado de la orilla, ser faros de luz, precisamente de una luz brillante, inmaculada, para que desde lejos la gente que baja por la riada, al ver esta luz sientan en su corazón esperanzas de que acaso puedan salirse de esta riada, los que a pesar de estar en ella tengan corazón de ser hombres o mujeres de buena voluntad.

Al ver esa luz vuestra, esa llama de clara esperanza, puedan ellos desear con todas sus fuerzas acercarse a la orilla, para que cuando lleguen a ese punto donde está esta luz de clara esperanza -tan encendida que la han visto desde lejos-, puedan allí recibir ayuda.

Esto es lo que tenéis que ser vosotras, este faro de clara esperanza que ilumina desde lejos, que guía en la dirección hacia la que se han de dirigir los que están en la riada, y

misteriosamente, como un imán, los atrae.

Gracias a que habéis sido faros, llegan las almas al borde de la orilla, para que descansen de toda la brega que han necesitado tener. El papel de esta mujer inmaculada hecha luz es:

Foto de Dominic Sansotta en Unsplash

ESCUCHAR

«ESCUCHAR se ha convertido en el acto más importante del cristiano.»

Parecería que al recibirles en la orilla lo inmediato sería empezarles a predicar el evangelio, empezar la catequesis y lavarlos (eso sería el bautismo), pero hay una cosa previa. Cuando llegan a la orilla y logran salir de la riada, llegan angustiadísimos, vienen con todos sus problemas en su corazón tan atormentado ¿Qué hay que hacer?: ESCUCHAR. Uno de los males de nuestro tiempo es que la gente no tiene tiempo de escuchar, y en la riada nadie escucha a nadie! Todo el mundo grita, todo el mundo quiere imponerse a los demás, aunque se ahoguen los otros… Entonces, que germen de paz y de alegría: salvados de la riada, encontrar a alguien que nos escuche.

Las mujeres que tan mala fama tienen de ser habladoras por los codos, parlanchínas! Cuando una mujer se ha convertido en mujer nueva, ¡nadie como las mujeres saben escuchar! es propio, es un carisma particular de la mujer nueva saber escuchar. Y ese es el primer gesto que la mujer debe tener con estos que se han salvado de la riada y descansan agotados, exhaustos con el fardo de sus penas, y están allí descansando en la orilla. Antes de empezar a predicarles nada -ya se les ha predicado con la luz que les ha guiado y salvado-, ahora escuchar es el acto más importante del cristiano en estos momentos.

«Para que hablar tanto de nosotros mismos sin dejar, a causa de eso, hacer que los otros hablen de sí.

Cada visitante, trae en sí un mensaje que debemos atender para ir aprendiendo a saber escuchar e ir sabiendo interpretar aquello que nos viene a dar= decir».

Parece que si son unos desgraciados que están metidos en la riada que se les lleva ¿qué mensaje nos van a dar? puro lodo, puro pecado. Pero… un momento: Cuando viene la riada, se lo lleva todo por delante, esa riada del pecado original inunda el mundo: se lleva árboles, animales, casas, gente… y unos podrán ser muy pecadores, pero otros eran gente de buena voluntad que la riada se los ha llevado. Todos tenemos pecado original, sin culpa personal – porque el pecado original no es ninguna culpa personal. La persona de buena voluntad que padece las consecuencias del pecado original, aun sin cometer ninguna culpa, tiene unos deseos, unas esperanzas, un hambre de paraíso, de salvación. Tiene tantas intuiciones, hasta buenas obras, que son mensajes -cada uno el suyo-, que si queremos después llevarlo hacia Cristo hemos de saber que tesoro tiene, que ya es camino particular suyo para seguir a Cristo desde donde está. Si no escuchamos ¿cómo lo vamos a saber? Y no solamente oír -de una manera mecánica y material-, sino de una manera sobrenatural para saber descubrir este mensaje que, dice Tante, debemos atender. Y además descubriremos que al escuchar y ver que no solamente es un acto de caridad por nuestra parte, descubriremos que dicen cosas muy buenas, deseos de su corazón profundo, anhelos que, ciertamente, Dios les ponía en ellos, y gracias a ellos, han hecho esfuerzos al ver la luz para alcanzar la orilla, para dejarse salvar.

Entonces vemos que escuchar no es sólo una cosa pasiva, sino que aprendemos a escuchar todavía más profundamente, sabiendo interpretar aquello que nos vienen a decir.

«Aquello que nos vienen a dar=decir».

Es decir, nos vienen a decir algo, que es su tesoro y nos lo vienen a dar.

Nosotros, al salvar a las personas de buena voluntad (porque los que no la tienen, a pesar de ver la luz se van más al centro de la corriente), nos vienen a dar su tesoro que lo han ido conservando en medio del naufragio en que se encontraban, lo han ¡do salvando, apretado sobre su corazón, y al salir a la orilla, rescatados, nos dan ese tesoro que han logrado salvar de la inundación.

Vosotras que habéis sido faro de luz, que tenéis como nadie el carisma de escuchar… tenéis que hacer más: tenéis que simpatizar, ser SINTÓNICAS. Es decir, que vuestro tono se ponga sintónico con las ¡deas de los otros, con ese tesoro que os han dado; y quizás os llevéis la sorpresa de que hay cosas tan hermosas que todavía no podéis sintonizar del todo porque quizás os sobrepasen!. Pero tratar de sintonizar con ese tesoro que os han dado en la medida que os sea posible.

«Simpatizar con las ¡deas de los otros, en la medida de lo posible»

“No hablar mal de los ausentes, estos no pueden defenderse. Quien nos escucha se pondría en guardia contra nosotros, pensando que haremos lo mismo cuando ellos no estén con nosotros».

No hablar mal, y yo diría nunca -porque está implícito de los ausentes-. Dice el Evangelio:

Cuando alguien haya hecho algo malo, ve tú y, a solas, se lo dices; si él no lo admite, entonces tú y dos testigos vais a él y se lo decís otra vez; y si aun y así no hace caso, entonces toda la comunidad se lo deces. Nunca hablar mal de los ausentes porque no se pueden defender.

Tante da dos matices:

1. Tenéis que ser faros de luz, pero la primera acción cuando los pescadores os hayan traído estos hombres salvados de la riada, no pretended enseguida catequizar, ni mucho menos hablar de vosotras mismas!; sino saber ser mujeres nuevas, escuchar para que os den todo su tesoro, y aprender a escuchar y a interpretar cada vez más y mejor las cosas.

2. Un consejo previo antes de empezar a hablar: no habléis mal de nadie ausente; porque esto malograría totalmente lo que pudierais seguir diciendo luego a esta alma… todo quedaría en sospecha. Para que podáis ser creíbles cuando habléis, no hablar nunca mal de nadie, de nada.



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