
En este Domingo, leemos y contemplamos un evangelio de esos que, al menos a mí, interpela. Incluso puede desconcertarnos, sí puede llevarnos a querer buscarle muchas interpretaciones, bien, de hecho, esta será una más.
Jesús nos dice “El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí …” y continúa citando otros afectos muy sanos, que la mayoría tenemos, incluido el propio, nos recuerda que “el que encuentre su vida la perderá”.
Quizás todo nos quiera expresar que lo esencial es vivir, y de poder llegar a hacerlo en plenitud, y para ello es imprescindible amar y amar plenamente y amar a todos.
Pero ¿dónde pongo el centro de mis afectos? ¿dónde está aquello que guía mis acciones, mis decisiones? porque está claro que hay un amor determinante para mí que hace que todo lo demás se recoloque en función de ello, ¿Cual es el motor de mi vida?
Es fácil de entender, simplemente mirando las noticias. Hoy en el mundo hay muchos afectos que mueven las decisiones, las acciones, los vínculos, de unos y de otros y vemos que pocos parecen nacer del amor a Dios, o del amor al ser humano, … no pensamos en cada persona concreta que sufrirá las consecuencias de esas decisiones, de lo contrario no estaríamos rodeados de tanto dolor.
No hay que mirar lo global, porque en nuestro pequeño entorno, sucede y sucede de manera constante y muchas veces nosotros podemos ser motor de cambio, en la medida que podamos y queramos.
Hace unos días observé una escena que me emocionó. En la sala de espera del hospital mientras esperábamos unas cuantas personas, una señora muy mayor iba acompañada de alguien que pensé podía ser su hija, en la conversación que manteníamos nos contó que era una vecina que hacia unos años decidió cuidarla, porque vio que estaba sola y empezaba a tener dificultades. Así sin más.
Aquella vecina no dejó de querer a su familia por cuidar de aquella mujer. Lo que hizo fue dejar que el amor de Dios guiará sus decisiones, sus actos. Ser buenos vecinos, mirar al que está a nuestro lado en cada momento intentando responder a su necesidad, eso también es dar un vaso de agua al que lo necesita. Tal vez eso sea lo que Jesús nos dice en el evangelio de hoy.
Porque “de los suyos” somos todas y todos.




