
Evangelio Mateo 13, 44-52 Domingo 26 julio 2026
“El reino de Dios nos reclama”, son palabras que expresaba el Papa Francisco para animar a la Iglesia y a las comunidades cristianas, con el deseo de recuperar el proyecto de Jesús con alegría y entusiasmo. Él decía: “El proyecto de Jesús es instaurar el reino de Dios. Si ésta es la fe de la Iglesia, ¿por qué hay cristianos que ni siquiera han oído hablar de ese proyecto que Jesús llamaba ‘reino de Dios’? ¿Por qué no saben que, la pasión que animó toda la vida de Jesús, la razón de ser y el objetivo de toda su actuación, fue anunciar y promover ese proyecto humanizador del Padre: buscar el reino de Dios y su justicia? La Iglesia no puede renovarse desde su raíz si no descubre el ‘tesoro’ del reino de Dios.”
Este relato del Evangelio de San Mateo empieza con estas dos parábolas: un tesoro valioso y una perla de gran valor. Las dos parábolas tienen un mismo mensaje: sobre el hallazgo del reino de Dios y quien lo descubre tiene la misma reacción: ‘vender’, es decir, abandonar todo aquello que no sirve para el reino de Dios.
Esta decisión nos hace pensar y revisar cómo vivimos este proyecto del reino de Dios. Nos preguntamos: ¿Cuál es nuestra implicación? ¿Cómo es nuestra participación en la Iglesia, parroquia, comunidad o grupo? ¿Estamos bien enraizados en Cristo? ¿Damos testimonio de nuestra creencia? ¿Somos solidarios con los demás?… Es un proyecto de vida que nos pide dedicación, saber priorizar, esfuerzo, entusiasmo, creatividad…, con el deseo de ofrecerlo y mostrarlo desde nuestro ser y quehacer.
Y la parábola de la red advierte sobre el juicio final, donde nos pide discernir entre el bien y el mal. Esto exige una gran capacidad humana para escoger aquello que es bueno y contribuir de forma correcta, ética, libre, misericordiosa y fraterna en el proyecto del reino de Dios. Eso requiere revisar nuestras actitudes para saber perdonar y crear auténticos vínculos humanos.
Seamos colaboradores con una nueva mirada, hoy y ahora, de este gran proyecto del reino de Dios dando testimonio de Jesús Resucitado, que nos invita a vivir desde la caridad y ser portadores de ese gran ‘tesoro’ del reino de Dios para hacer un entorno más humano y fraterno.




