
Me ha gustado mucho uno de los títulos al comentario del evangelio de este día “Banquete para la libertad”. Desde esta clave de interpretación, todos aquellos que rechazan la invitación del rey al banquete son aquellos que tienen comprometida su libertad en cosas o personas y, por tanto, son incapaces de asumir esa llamada, esa invitación para participar en el reino de Dios en esta tierra.
Es importante saber pararse en la cartuja y revisar cuáles son aquellas cosas o personas a las cuales nos aferramos y nos impiden vivir la verdadera libertad de los hijos de Dios. La libertad, como diría San Agustín, está encaminada a la consecución del máximo bien, que es el mismo Dios.
Por otra parte, este evangelio nos indica que los planes de Dios siempre se cumplen con nosotros o sin nosotros, por muchos palos que introduzcamos en la rueda, Dios escribirá recto en renglones torcidos, parafraseando a Sata Teresa.
La respuesta positiva a la invitación del Señor es la de todas aquellas personas “pobres” es decir, de todas aquellas –“buenas o malas”- que, aun pudiendo tener posesiones, pocas o muchas, no están atadas a ellas, sino que están dispuestas a vivir esa llamada de salvación, esa llamada a vivir la plena libertad, que el Hijo nos hace.
Recordando el pasaje del génesis donde Dios les pone la condición a Adam y Eva de que no tomaran y comieran los frutos del árbol prohibido, pues la consecuencia es la expulsión del paraíso, en el Evangelio de hoy pasa algo parecido con el traje de boda, con el traje de fiesta. Si la boda representa el reino el traje debe de estar de acorde con éste, por lo que podríamos suponer que ese traje debe ser los valores del reino de Dios: justicia, solidaridad, saber perdonar, saber acoger al otro por diferente que este sea, curar al otro y protegerle, ser misericordiosos, tener confianza en el Padre, etc. este es el traje que debemos querer portar a la fiesta de la plena libertad si realmente queremos unir nuestra voluntad a la voluntad de Dios.
Esta parábola, como resaltaba el comentarista antes mencionado, es escandalosa por los motivos por los cuales se rechaza la invitación al banquete, y no es para menos, pues se ha de entender que siempre es un escándalo querer ser esclavo, por muchas seguridades que esto nos dé, que querer y desear vivir la libertad que es vivir en Dios y desde Dios.




