
La proclamación de las bienaventuranzas es para todos nosotros muy conocida, la hemos leído, la hemos escuchado, comentado e interpretado. Pero, cada vez que las leemos de nuevo nos interpelan y nos invitan a vivir de forma distinta porque son nuestro norte para el camino cristiano.
El Sermón de la Montaña tenía un sentido concreto para los contemporáneos de la época de Jesús, ya que suponía un cambio significativo de la Ley judía y era una gran novedad para todos aquellos que se acercaban a Jesús y querían seguirle.
El evangelista Mateo nos presenta una imagen de Jesús como un maestro, porque con sus palabras instruye y tienen su fuerza y significado.
Las bienaventuranzas son como propuestas de vida que dan esperanza e invitan a hacer una nueva mirada desde la caridad.
Las bienaventuranzas son un proyecto de vida que da sentido a nuestra existencia.
Las bienaventuranzas son como un llamamiento a convertirnos para ser mejores y vivir de verdad estas propuestas que nos hacen más felices.
Las bienaventuranzas contempladas de forma conjunta describen las intenciones de Jesús y son como un ‘grito profético’ que da sentido al esfuerzo y al compromiso del mismo Jesús, cuando ofrece el Reino de Dios como recompensa.
El camino de las bienaventuranzas pide estar limpios de corazón, pobres de espíritu, solidarios, comprometidos y fieles a la Palabra.
El Para Francisco decía: «Con las bienaventuranzas, Jesús nos da los “nuevos mandamientos”, que no son normas, sino que señalan el camino de la felicidad que Él nos propone. Las bienaventuranzas son la “carta de identidad” del cristiano, porque describen el rostro y el estilo de la vida de Jesús.»
¡Sepamos sentirnos bienaventurados para vivir el camino adecuado acompañados de Jesús para ser felices!





