
Del Evangelio de esta semana podríamos destacar muchas cosas, entre ellas la capacidad de Jesús para hacer que las personas se sientan “a gusto con Dios”.
· A través de su humanidad: Jesús cansado y frágil, que lejos de ser una figura mágica, se sienta a esperar y necesita de otro ser humano, en este caso de la mujer.
· Superando los prejuicios: Jesús rompe la “ortodoxia” y las barreras sociales, deja atrás las seguridades para dialogar con alguien “herético, extranjero y de mala fama”, para abrazar una nueva identidad.
· Mostrando la religión del corazón: el “agua viva” es la experiencia de un Dios que acoge y salva, permitiendo vivir la fe con sencillez desde el fondo del ser, más allá de dogmas y templos. Una adoración en Espíritu ligada a la autenticidad del encuentro interior con la verdad.
· Invitando a la espiritualidad de lo cotidiano: el encuentro en el pozo simboliza que lo sagrado ocurre en los lugares ordinarios de la vida, habitando la realidad.
Un domingo más se nos invita a ser en profundidad, a contemplar con otros ojos, a vivir descubriendo lo más profundo del ser humano y regalándolo sin miedo.
¡Seguimos compartiendo este caminar cuaresmal!





