
La peor ceguera
El Evangelio de este domingo nos narra el encuentro de Jesús con un ciego de nacimiento. Jesús lo sana aplicando barro en sus ojos y diciéndole que se lave en el estanque de Siloé. Hubiera esperado que esta sanación generara una gran alegría, pero, sorprendentemente, el relato se centra en controversias.
Para comenzar, los discípulos, al ver su condición, preguntan a Jesús quién pecó, si él o sus padres, para que naciera ciego. Algunos fariseos comentan (refiriéndose a Jesús): «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replican: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?» Finalmente tratan al hombre sanado de “pecador” y lo expulsan de la comunidad.
Para mí, la peor de las cegueras radica en no alegrarse por esta sanación. ¿Tan poco les importaba el sufrimiento de este hombre?
Hoy me hago la misma pregunta: ¿tan poco nos importa el sufrimiento de millones de seres humanos en el mundo? ¿Estamos tan ciegos? En lugar de celebrar la vida de cada persona, producimos y vendemos armas para matar. En vez de sanar el mundo, propagamos odio y violencia.
Alegrémonos por la curación del ciego del Evangelio de este domingo, y oremos por la sanación de todas las cegueras en nuestras sociedades. Que la luz de Pascua abra nuestros ojos y nos transforme.
Pauline Lodder, Pineda de Mar





