Introducción general:
Alfredo impartió unos ejercicios a las Claraeulalias en septiembre de 1990 para hablar del Intinerario a la Luz de los escritos de Tante.
Aunque los ejercicios iban dirigidos a las Claraeulalias todos los que formamos el Grupo ARC, que lo deseen, e incluso personas ajenas al grupo, pueden realizar este mismo itinerario pues lo que Alfredo predica tiene un valor universal.
Leer estos textos nos ayuda a profundizar el mensaje y pensamiento de Alfredo.
En esta entegra encontrarás la 2ª charla.
Os animamos a realizar una lectura pausada y tranquila. !Vale la pena!!! Sin duda.
ITINERARIO CLARAEULALIAS
A LA LUZ DE LOS ESCRITOS DE TANTE
Monasterio de las Jerónimas. Trujillo
Septiembre 1990

2 CHARLA
Alfredo:
Después de haber escuchado con vuestro carisma especial de mujeres y teniendo en cuenta esta cautela previa, entonces podéis empezar a hablar para guiar a las almas por el itinerario del seguimiento de Cristo.
Juan Miguel me ha dicho que podríamos aplicar la frase de San Juan: «Dices que amas a Dios a quien no ves, y no amas al prójimo que ves? ¡Hipócrita!». Dices que escuchas a Dios que no lo ves, y no escuchas a este prójimo que acabas de salvar de la riada? ¡Hipócrita!
Tante decía que no debemos hablar nunca mal de nadie de nada. Juan Miguel decía también que habría que matizar que si nosotros somos los que oímos hablar a alguien mal, con mucha discreción, con mucha elegancia para no herir, hemos de cortar esta comunicación. No solamente no hemos de hablar mal de nadie, sino que también no hemos de escuchar, y en lo que esté de nuestra parte, evitar que los demás hablen mal.
«Saber escuchar con sonrisa y mucha atención.»
Hay que escuchar con mucha atención, viendo que oímos de verdad, que no sólo lo hacemos por oficio, sino por verdadero amor. Y añade Tante: con sonrisa. No basta escuchar, también los jueces de un tribunal escuchan con mucha atención para juzgarnos, para condenarnos.
Escuchar con sonrisa para que la persona que hable esté segura de que tiene nuestra
comprensión, nuestra benevolencia, nuestro cariño. La sonrisa es una primera manifestación de ternura.
«Escuchar con sonrisa y mucha atención para oír y ver el mensaje que trae cada visitante.
Tengo que olvidarme de mis males y no hablar de mis enfermedades.»
Si en este momento estamos recibiendo a este que acaba de llegar, no podemos nosotros intercalar o interponer, oscurecer su relato, contando el nuestro. Gracias a Dios el nuestro ya fue escuchado, ya fue compartido con simpatía y sonrisa por nuestros pastores. Ahora hemos de aprender nosotros a hacerlo con los que llegan.

«Hay que desear apaciblemente tener esperanza.»
«Conformar mi deseo a su voluntad de fe en mí.»
Tacha lo de «mi voluntad», y pone «mi deseo», es decir, mi voluntad la he dejado atrás. Yo ya no quiero tener voluntad propia, yo quiero ser uno con los demás, uno con Dios, uno con los otros; «Ya no soy yo quien vive en mí, sino Cristo que vive en mí».
Tante desea tener sintonía, conformarse con esta fe y esta esperanza que los demás han tenido con vosotras.
«Estamos en una época, conscientes o no, rodeados de indiferentes y de incrédulos.
Gente un poco rara, algunas veces numerosos, que han dejado de creer, o que jamás han creído, o que ignoran lo que nosotros creemos.
Ellos son nuestro prójimo, ellos nos ponen en situaciones que nosotros no hemos escogido, que nos sorprenden y para las cuales no hemos estado enseñados. Porque resulta que siempre nos habían enseñado a ser una persona cristiana en medio de una familia cristiana y de una sociedad cristiana.
Es preciso que nuestra vida de cristiano sea sólo actos de testimonio de nuestra descendencia de Dios con nuestra unión con caridad y suavidad, respetando sus ideas, porque si no hemos estado enseñados o preparados para esto no podremos comprenderlo. Seamos humildes para reconocer nuestra incapacidad y Dios nos utilitzará en el momento oportuno y a la manera de Cristo; quizás nosotros haremos ese apostolado sin percatarnos, porque es Dios que lo hace en nosotros«.
Si algún fruto hay de bueno, es porque Dios lo hace, utilizándonos de instrumentos.
«No conocemos prácticamente la acción apostólica, acción normal de la vida del cristiano al lado de un prójimo ateo. Vivimos la vida cristiana, pero la vivimos entre creyentes. Es para esta vida que hemos sido educados y en ella y para ella que hemos sido formados«.
Me tendrían que haber educado a mí también para encontrarme yo en medio de la riada y saber qué tengo que hacer. Pues esta formación que me han dado para vivir así, entre cristianos, sin darme la otra ¿será auténtica? ¿o será un poco hipócrita esa educación que he recibido?
«La mentalidad de nuestro ambiente sobrepone sus evidencias sobre la certeza de la fe; parece que sin la fe, creeríamos en Dios, tendríamos opiniones cristianas por fidelidad familiar, regional. De lo cual un conocimiento confuso y desigual de las realidades sobrenaturales.
Confusa: distinguimos mal las realidades de la fe, evidentes de nuestra mentalidad.
Desigual: porque conocemos de otra las realidades de la fe, si ella concierne nuestra vida práctica o si no la concierne«.

Vivimos la fe de una manera, que como no hemos estado en contraste, no nos hemos encontrado con esta riada, parece que aunque no tuviéramos fe seríamos cristianos, obraríamos como cristianos, obraríamos como toda esa sociedad por fidelidad familiar y social; con lo cual parece que la fe no es algo tan importante, porque la tenga o no la tenga… ¡Qué duda cabe, yo viviría en cristiano!
En cambio, cuando uno tropieza con la riada, uno se da cuenta de que lo importante es la fe, y pasan a segundo término las convenciones sociales, las tradicioncillas, porque en el ambiente donde estábamos nos hacían incluso, no dar importancia a la fe. En cambio, cuando se nos impone la evidencia de la tragicidad de esta riada de incrédulos y descreídos, entonces es cuando de verdad, nos abrazamos a la fe, y empezamos una vida cristiana auténtica y no de teatro como tantas veces es nuestra sociedad cristiana.
«Por lo tanto, el amor verdadero no se instala, se encuentra en la estrechez«.
«Se puede tomarlo útil por lo necesario, lo facultativo por lo obligatorio«.
Cuántas veces habrá alguna persona que dejará a su padre o abuelo casi agonizando porque tiene que ir a misa; y ahí se queda hasta que vuelva. Lo obligatorio es atender a este pobre anciano que se está muriendo, lo otro era facultativo.
«Hay que encontrar a Dios, cueste lo que cueste. Entonces encuadraremos la vida sobrenatural en una vida espiritual refinada. Haremos lo que podremos, pero solamente lo que sabemos. Esto nos permite ser fieles.»
Ojalá que no hubiera riada, pero tiene este efecto de convertirnos a la autenticidad y a saber que tiene que hacer un cristiano en medio de esta riada de incredulidad.
«Pero si cambiamos de prójimo… o si nuestro prójimo cambia, si es indiferente, incrédulo, ateo, nosotros no podemos quedamos sin cambiar. Hemos de ser fieles, pero debemos ver que él es nuestro prójimo y saber cómo tratarle en caridad.»
Si vivía en una familia y ambiente cristiano, y me voy a vivir a África en medio de ateos, el prójimo cambia. Debemos seguir siendo fieles, pero también hay que cambiar, porque hay que adaptarse; hay que vivir en plenitud esta nueva situación, porque nuestro prójimo ha cambiado. Debemos ver que él es nuestro prójimo y no los prójimos cristianos que estábamos habituados a tener en nuestra pequeña parroquia o familia; y saber como tratarles en caridad.

Tante no dice saber como los hemos de convertir, sino que dice «Saber como les hemos de tratar en caridad y respetándoles».
Porque de nada serviría convertirlo a puñetazos. Es solamente con nuestra caridad, viendo como amamos, como se convertirán ellos cuando quieran. Siendo nosotros solamente instrumentos del Espíritu Santo, es como cambiarán.
Cuando lo pidan, empezaremos a catequizarles, pero entretanto… tratarlos en caridad. Como a esa gente que están en la orilla, hemos de escucharles, sonriendo, con atención, respetándolos, recibiendo con gratitud el don que nos dan y amarlos. Y si quieren, fruto de esto, es cuando empezaremos a catequizarles para darles el bautismo, para lavarles todo el barro que traen y en la orilla bautizarlos para empezar el itinerario… Pero entretanto: tratarles en caridad.
«El mundo actual no nos permite ser solamente Ingeniosos para amar a Dios con ingeniosidad y refinamiento pasivo. La fe no es una industria. Ella es un saber-hacer para amar a Dios, trabajar para Dios en el trabajo de Dios. El actúa sin cesar; Él no nos deja tiempo para hacer varios oficios«.
Antes uno iba a misa los domingos, comía un pastel especial porque era domingo, celebraba la festividad de la patraña… La fe no es una industria, no es una cosa que es producto nuestro. La fe es un saber hacer que viene del Espíritu, para amar a Dios, trabajar para Dios, en el trabajo de Dios. La fe es algo que nos viene para ser activos, trabajar para Dios. Y cada uno se ha de plantear: Tengo que saber amar a Dios, que es trabajar para Dios, en el trabajo de Dios. Porque él actúa sin cesar, trabaja en nosotros, él no nos deja tiempo para hacer varios oficios. No podemos servir a dos señores, no podemos tener dos oficios. Sólo un oficio: trabajar para Dios, en el trabajo de Dios, porque es Dios quien trabaja en mí.
«Hoy día tenemos necesidad de ser enseñados por nuestros pastores, intermedios de
Cristo. Entonces sabremos si el apostolado es un dilema verdadero o falso«.
Cuántas veces se montan trabajos, por ejemplo para dedicarse a la justicia social, y necesitan gente, sin importarles si tienen fe… y esto, frente a la riada, no sirve para nada! o tenemos fe de verdad, o ¿cómo vamos a salvar ai mundo? Ahí está el dilema de nuestra fe verdadera; enseñados para trabajar solamente para Dios, en lo que Dios quiere, dejándonos ser instrumentos de él y de Cristo, porque trabajan en nosotros para este único oficio de ser salvadores. Este es el dilema que nos hará ver si construimos casas porque está de moda, porque así creemos que hacemos más justicia -sin amor-, o verdaderamente somos cristianos. Tenemos que estar enseñados de nuevo para obrar de esta manera, en esta situación de nuestro prójimo ateo, incrédulo o descreído.





