
Tu fidelidad es grande.
40 años de la ordenación de cuatro presbíteros del Grupo es una razón de más para dar gracias.
Jesús nos deja su paz, nos alegramos de verle resucitado en medio nuestro.
Nos pacifica al darnos de nuevo su paz.
Le dice a Tomás: pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
Así nosotros también podemos poner nuestro dedo en las llagas de sus manos, y meter nuestra mano en su costado resucitado, y creer.
Nos envía a evangelizar, con Él, con su ayuda y sopla sobre nosotros el Espíritu Santo.
Así ya somos otro cristo completo.
SONETO AL CRISTO DE LA MISERICORDIA (KOWALSKA)
Lunes de Pascua, 12 de abril (1993 en Chile, enfermo con ciática muy dolorosa)
Me dices diga: Yo confío en Tí
y lo diga con fuerza y con verdad
desde el fondo del ser de mi humildad.
Cuando más hondo estuve, más te ví.
Te daré la ternura que haya en mí
ella es la flor de la sinceridad.
Te amo porque me amas con piedad
aún sabiendo que mucho te ofendí.
¡Sí! Yo confío en tu Misericordia
que hizo que en mí venciera la concordia
de mente y corazón para seguirte.
¡Sí! «Jesús, yo confío en Tí». Lo digo
para vencer así, al Enemigo.
Pues nos lo prometiste, antes de irte.
Alfredo Rubio





